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Iglesia Parroquial de San Torcuato

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Si hay algún edificio señero, importante, majestuoso, algo del que el pueblo de Esguevillas se sienta orgulloso, es su Iglesia Parroquial de San Torcuato. El actual templo de planta y dimensiones catedralicias se construyó en el siglo XVI sobre la primitiva iglesia parroquial de estilo románico cuyas primeras noticias de su existencia se remontan al año 1345, cuando la Villa de Esguevillas pertenecía al Arciprestazgo de Cívico de la Torre, Arcedianato de Cerrato y Diócesis de Palencia. Su estilo arquitectónico presenta dos partes bien diferenciadas.

La cabecera del Templo y el pie de la torre son de estilo gótico tardío; destacándose no sólo por su belleza sino también por su solidez, el arco gótico que facilita el paso a la capilla del mismo estilo que está debajo del coro; sobre este arco descansan los más de treinta metros de maciza torre de piedra. A finales del siglo XVI se termina el resto del templo según el estilo renacentista, detectándose en su torre, de perfectas proporciones, y en su puerta principal la clara influencia que la arquitectura herreriana irradiaba desde Valladolid. Tiene el Templo tres naves paralelas separadas por imponentes columnas cajeadas, todas de piedra de sillería, que sustentan arcos de medio punto. Las naves que se cubrieron primitivamente por bóvedas de aristas, perdieron su pureza de línea y armonía cuando se adornaron con yeserías barrocas en la segunda mitad del siglo XVII. El crucero y la capilla mayor no perdieron nunca su carácter goticista y conservan intactas sus bóvedas de crucería.

La joya escultóricas del templo, es sin lugar a dudas, una imagen románica del siglo XIII que representa a la Virgen Con el Niño en su regazo. Su infantil y candorosa sonrisa ha contemplando a los hijos de Esguevillas, con sus penas y sus alegrías, con sus triunfos y sus fracasos durante más de setecientos años. Recientemente la Excelentísima Diputación subvencionó su restauración para que de esta manera nuestra "Virgencita" siga deleitándonos con su virginal sonrisa, a propios y visitantes, durante muchos siglos más; pues Ella y no otra es la verdadera testigo de la vida, durante cientos de años, en Esguevillas de Esgueva.